Nadie camina en la calle, a mi edad se supone que tendría que estar acostado, un domingo a las nueve de la mañana, disfrutando de una caña horrible y de un sueño inevitable o recordando bobadas de juventud, pero aquí voy caminando con los brazos pa’ la caga’, Es que estos perros tiran las correas con una fuerza de demonio y mis manos no dan mas, este paseo no lo disfruto tanto como ellos.
Una imagen llega a mi cabeza mientras camino y quiero ir al mismo lugar donde se rescató ésta, hace treinta años atrás, maomeno’, necesito inspiración que me llene y aprovechar esta naturaleza, lo bueno que es gratis. Walkman cargado con el soundtrack de mi vida, reproducción aleatoria, le doy play, La ciudad se silencia, los perros también, escena de película chicana con los cypresss sonando detrás… wena. El sol recién sale entre las nubes, apenas si calienta, esto comienza a ser mas agradable, aunque algo no deja animarme del todo. El ejercicio de la imagen no resulta, no me agrada.
Mi tía, la persona que me enseño el amor a este cerro, el valor del silencio de éste, de lo reconfortante que es un buen grito hacia la cuidad hasta que se agote el aire de los pulmones desde la roca mas alta, menos mal que no alcanzo a ver lo que la gente a hecho de esta belleza, del motel de mil estrellas, centro del carrete marginal renquino, aquí voy po’, recorriéndolo, buscando la inspiración que bien sabia encontrar ella en este lugar. Llego al mirador de los amantes buscándola, aquí no hay nada solo basura.
Por la mismísima mierda¡¡¡¡¡¡ quedé todo tiznado, por culpa de los conchas de su madre que queman el cerro, pero ver como disfrutan los canes del paseo me hace odiar menos. De vuelta a casa me agradecen el paseo durmiendo raja toda la tarde.
A pesar de que me fui de a solas a disfrutar del hermoso paseo dominical mañanero al cerro, en busca de la inspiración, mi falta de concentración nuevamente me juega una mala pasada, y no me dejó encontrarla, pero me di cuenta de algo, y el Zatu me lo dijo y yo no supe entenderlo: “la inspiración llega en cualquier momento hermano”, y yo no estaba preparado cuando eso pasó, pero misteriosamente llega, y estaba mas cerca de lo que yo creía, de tanto ver esa imagen que me di cuenta de que ya ni la miro. Pegada en la cabecera de mi cama, ¿quien lo diría?
Una imagen llega a mi cabeza mientras camino y quiero ir al mismo lugar donde se rescató ésta, hace treinta años atrás, maomeno’, necesito inspiración que me llene y aprovechar esta naturaleza, lo bueno que es gratis. Walkman cargado con el soundtrack de mi vida, reproducción aleatoria, le doy play, La ciudad se silencia, los perros también, escena de película chicana con los cypresss sonando detrás… wena. El sol recién sale entre las nubes, apenas si calienta, esto comienza a ser mas agradable, aunque algo no deja animarme del todo. El ejercicio de la imagen no resulta, no me agrada.
Mi tía, la persona que me enseño el amor a este cerro, el valor del silencio de éste, de lo reconfortante que es un buen grito hacia la cuidad hasta que se agote el aire de los pulmones desde la roca mas alta, menos mal que no alcanzo a ver lo que la gente a hecho de esta belleza, del motel de mil estrellas, centro del carrete marginal renquino, aquí voy po’, recorriéndolo, buscando la inspiración que bien sabia encontrar ella en este lugar. Llego al mirador de los amantes buscándola, aquí no hay nada solo basura.
Por la mismísima mierda¡¡¡¡¡¡ quedé todo tiznado, por culpa de los conchas de su madre que queman el cerro, pero ver como disfrutan los canes del paseo me hace odiar menos. De vuelta a casa me agradecen el paseo durmiendo raja toda la tarde.
A pesar de que me fui de a solas a disfrutar del hermoso paseo dominical mañanero al cerro, en busca de la inspiración, mi falta de concentración nuevamente me juega una mala pasada, y no me dejó encontrarla, pero me di cuenta de algo, y el Zatu me lo dijo y yo no supe entenderlo: “la inspiración llega en cualquier momento hermano”, y yo no estaba preparado cuando eso pasó, pero misteriosamente llega, y estaba mas cerca de lo que yo creía, de tanto ver esa imagen que me di cuenta de que ya ni la miro. Pegada en la cabecera de mi cama, ¿quien lo diría?

0 Comentarios:
Publicar un comentario
Suscribirse a Comentarios de la entrada [Atom]
<< Página Principal